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Al desatarse la pandemia, hace más de un año, se temió un colapso económico y con ello una violenta caída en las cotizaciones de los metales. Si bien el 2020 registró la mayor contracción del PIB mundial en las últimas cinco décadas, no solo no hubo un derrumbe económico y financiero, sino que desde el tercer trimestre del 2020 se ha registrado una de las mayores alzas en varios metales, incluido el cobre. Dos razones explican esta situación. Mientras que la rápida contención de la infección en China trajo de vuelta al principal consumidor de materias primas de vuelta a niveles de actividad prepandemia, convirtiéndola en la fábrica para el resto del mundo durante varios meses, el resto del mundo, y principalmente en el mundo occidental, ha estado inyectando masivamente estímulos monetarios y fiscales, los cuales han alcanzado ribetes históricos.

La pandemia tuvo el efecto de retrotraer la intensidad industrial temporalmente, como atestigua el atochamiento de los puertos chinos y la alta demanda de contenedores en aquel país. Pero la evidencia indica que el peak de la actividad industrial china ocurrió en la primera parte del año y es posible que aminore en los próximos meses. El relativo control de la pandemia en otros países va permitiendo una normalización económica global que reduce la dependencia en el coloso asiático. En rigor, China ha sido el gran país para el consumo del cobre en las últimas dos décadas, pero ha venido disminuyendo su intensidad industrial como parte de los esfuerzos estratégicos de largo plazo de fortalecer el avance de sectores económicos más sofisticados y que serán los nuevos motores de crecimiento económico como la investigación y desarrollo tecnológico de alta gama y el sector de los servicios.

Respecto de los estímulos, es necesario señalar que se trata de magnitudes inéditas en la historia de la economía mundial. Así se ha evitado que el freno en muchas actividades productivas y el alto desempleo se traduzcan en crisis de difícil manejo. Y mientras estos estímulos persistan, seguirá habiendo viento de cola en la cotización de los activos, como acciones y commodities. Un buen ejemplo de este factor se pudo apreciar hace unos días cuando la Reserva Federal de Estados Unidos insinuó la posibilidad de que el estímulo monetario terminara antes de lo previsto (hacia fines del año 2022 en lugar del 2023), lo que desató una corrección de precios de activos de alta intensidad.

De todos modos, habrá que observar con mucha atención la evolución de estos estímulos pues resultará clave para el desempeño de la economía mundial en los próximos años. Por ejemplo, Estados Unidos está buscando complementar la vía monetaria de sus incentivos con planes fiscales de gran envergadura, como el posible plan bipartita de infraestructura anunciado recientemente por Biden por 1 trillón de dólares.

Ante tal escala de paquetes monetarios y fiscales, surge la inquietud sobre las consecuencias de estos masivos estímulos sobre la economía mundial. En una perspectiva de corto plazo, se teme que se genere un nivel de inflación inmanejable que fuerce a adelantar las alzas de tasas de interés y con ello el viento de cola que sostiene a la economía mundial. Pero hacia mediano y largo plazo, el temor es que estas fuertes inyecciones de dinero hayan exacerbado y/o incubado excesos en algunos mercados que puedan resultar en una crisis financiera global hacia mediados de la década.

En este punto del análisis cabe regresar a China, ya que este país ha adoptado, por más de una década, una visión crítica de las políticas de estímulo gigantescos aplicados por occidente por el temor a sus consecuencias. Es muy atingente recordar que esta visión del gigante asiático se deriva de los orígenes de la Crisis Subprime de Estados Unidos que desencadenó la Gran Crisis Financiera de occidente. De esta forma debe entenderse las acciones que ha realizado la autoridad china en las últimas semanas en cuanto a moderar su actividad industrial (especialmente la altamente contaminante) e intentar controlar excesos financieros, entre ellos, eventuales actividades especulativas en materias primas.

La decisión de entregar cantidades de cobre, zinc y aluminio acumuladas en la reserva estratégica china al mercado, revelan la inquietud de este país por eventuales brotes inflacionarios. Sobre estas acciones cabe mencionar que, por un lado, las cantidades son pequeñas como para influir significativamente sobre los precios. Por otro lado, reflejan más bien una señal del gobierno al mercado, en un momento en que la tendencia de la economía ya se encaminaba hacia una moderación, probablemente reforzando la dirección que ya había adoptado el propio mercado.

Otro factor que debe tenerse presente es el geopolítico. China celebra el 1 de julio el centenario de la fundación del partido comunista, fecha relevante que intentará resaltar a escala global. Pero por lo mismo su contendor, Estados Unidos, buscará exactamente lo contrario. Hay diversas posibilidades que podrían opacar esta ocasión. La situación de Hong Kong, Taipei y el sur del mar de China son álgidas, mientras en Asia Central la renegociación del acuerdo nuclear con Irán y la tensión en torno a Crimea plantean focos de conflicto abierto. Adicionalmente, es preciso recordar que somos espectadores de un lento pero sostenida reconfiguración del orden mundial conocido desde el término de la segunda guerra mundial. En este ajuste de fuerzas, el aseguramiento de materias primas esenciales para los grandes poderes económicos será parte de la primera línea de interés. El fuerte incremento de los riesgos de políticas nacionalistas no es ajeno a lo anterior, y quizás sea más bien una consecuencia. En definitiva, no se puede descartar eventos que tengan impacto en los mercados mundiales en los próximos meses.

Y si de riesgos se trata, la pandemia no puede ignorarse. Tal vez se ha dado por descontado que la vacunación resolverá la situación de semi paralización del mundo en el último año y medio, pero las noticias de nuevas variantes del virus plantean preguntas sobre cuán efectivo será el balance entre efectividad de las vacunas y las mutaciones del virus como para aspirar al fin, o al menos la moderación, de la pandemia. Si la situación se extiende, la mantención de las medidas económicas paliativas será cada vez más difícil y con ello la estabilidad global será más desafiante. Incluso si el balance es positivo, es claro que en las economías occidentales más avanzadas hay un creciente cuestionamientos al origen de la pandemia y que podría convertirse en un nuevo foco de inestabilidad geopolítica con China.

En definitiva, los próximos meses debieran ser favorables para los precios del cobre y otros commodities aunque probablemente en un tono más moderado al registrado en los últimos meses. Como nota de cautela, no obstante, es un contexto geopolítico cada vez más complejo que podría manifestarse en importantes niveles de volatilidad en los mercados.

Fuente: Sonami